Sufrimiento por Predicar el Evangelio

¡Qué pasión la de los discípulos por predicar el Evangelio de Cristo! A pesar de enfrentar persecución, azotes, amenazas y cárceles, nada fue impedimento para continuar proclamando el mensaje de salvación. Al contrario, cobraban más ánimo y se gozaban por ser considerados dignos de sufrir por el nombre de Jesús.

Estos hombres fueron verdaderamente radicales por Cristo. Aun en medio del sufrimiento, permanecían firmes, llenos de gozo, enseñando y predicando la Palabra de Dios. ¡Qué gran ejemplo nos dejaron! Estos pasajes nos invitan a reflexionar profundamente sobre nuestra responsabilidad en la evangelización. Predicar la Palabra no es solo tarea de pastores, evangelistas o profetas; es un llamado para todos los que hemos entregado nuestra vida a Cristo. 

Hoy somos privilegiados, ya que tenemos la libertad de compartir el evangelio sin persecución ni cárcel. El Señor Jesucristo quiere que usted y yo llevemos su mensaje. No se trata de ser elocuentes, sino de dar a conocer a Jesús como Señor y Salvador. Podemos predicar mediante nuestro testimonio: cómo Cristo transformó nuestras vidas, cómo nos sacó de las tinieblas y nos llevó a su luz admirable.

En la Palabra vemos muchos ejemplos de personas que, después de recibir un milagro de Jesús, corrían a dar testimonio, y muchos creían e iban en busca del Maestro. Sin embargo, hoy en día, muchos cristianos sienten vergüenza o temor de hablar del evangelio. Se preocupan por el “qué dirán” y se dejan intimidar. 

Es tiempo de dejar esos obstáculos y llevar el mensaje: “Jesús es el Mesías”, a todos los que lo necesitan. Recordemos el sufrimiento de los discípulos y pensemos también en los cristianos que hoy en diferentes partes del mundo son perseguidos y arriesgan sus vidas por predicar a Cristo.

Oración:
Padre, en el nombre de Jesús, te pido perdón si no he compartido Tu Palabra con quienes necesitan escuchar un mensaje de esperanza y salvación. Dame valentía para predicar el evangelio y, a través de mi testimonio, ganar almas para ti. Quiero ser una persona apasionada por tu obra, dispuesta a servirte con entrega. Haz de mí un instrumento útil en tus manos y un ganador de almas para tu gloria. Amén y amén.

Po María J.