
Sacrificio Vivo
Sacrificio Vivo
“Por lo tanto, amados hermanos, les ruego que entreguen su cuerpo a Dios por todo lo que él ha hecho a favor de ustedes. Que sea un sacrificio vivo y santo, la clase de sacrificio que a él le agrada. Esa es la verdadera forma de adorarlo”.
Romanos 12.1, NTV
Lo interesante de este versículo es comprender el significado que tenía la palabra sacrificio para las personas de aquella época. En el Antiguo Testamento, los sacrificios formaban parte de las prácticas establecidas por Dios para tratar con el pecado. La expiación estaba relacionada con la entrega de una vida en lugar de la del pecador. Sin embargo, todo esto apuntaba hacia algo mucho mayor que se cumplió en Jesucristo. En la cruz, Cristo ofreció el sacrificio perfecto y definitivo por el pecado, abriendo el camino para que las personas fueran perdonadas, limpiadas y recibidas en la familia de Dios.
Por eso, cuando Pablo habla de presentar el cuerpo como un sacrificio vivo, no está hablando de repetir el sacrificio de Cristo ni de hacer algo para conseguir la salvación. Cristo ya pagó completamente por el pecado. Pablo está hablando de la respuesta que debe tener una persona después de haber recibido esa gracia.
El sacrificio que Dios pide ahora no es un animal sobre un altar, sino una vida entregada a Él. Es un sacrificio vivo porque implica poner cada día la vida al servicio de Dios. Se trata de entregar los pensamientos, las decisiones, las palabras, las acciones y los deseos para que sean guiados por su voluntad. Es una forma de decirle a Dios, con la manera de vivir, que todo lo que se tiene le pertenece.
Esta entrega también implica apartarse de aquello que puede llevar nuevamente a las consecuencias destructivas del pecado. Cuando una persona decide alejarse de prácticas, pensamientos y conductas que desagradan a Dios, no está perdiendo algo bueno, sino evitando los problemas y heridas que el pecado puede traer consigo. Dios no llama a sus hijos a obedecer para quitarles la felicidad, sino para conducirlos hacia una vida que verdaderamente les haga bien.
En este sentido, la obediencia se convierte en una expresión de gratitud. La persona que comprende lo que Cristo hizo por ella ya no busca solamente recibir de Dios, sino también entregarse a Él. La adoración no se limita a cantar, orar o asistir a una iglesia. También se refleja en la forma en que se vive cuando nadie está mirando.
En un comentario de la Biblia Diario Vivir se menciona: “Dios tiene planes buenos, agradables y perfectos para sus hijos. El quiere transformarnos en un pueblo con una mente renovada, vivos para honrarle y obedecerle. Debido a que El solo quiere lo mejor para nosotros y por haber dado a su Hijo para que tengamos vida nueva, deberíamos ofrecernos con gozo en sacrificio vivo para su servicio”.
El llamado de Pablo, entonces, es a comprender que la verdadera adoración nace de una vida rendida a Dios. Quien ha recibido tanto de parte de Cristo tiene una razón para vivir de manera diferente. Cada decisión puede convertirse en una oportunidad para honrarle. La pregunta para cada creyente no debería ser solamente cuánto puede recibir de Dios, sino cuánto está dispuesto a entregarle. Un sacrificio vivo no se presenta una sola vez. Se entrega cada día, mediante pequeñas decisiones de obediencia, renuncia y servicio.
Señor, gracias por el sacrificio perfecto de Jesucristo y por la salvación que has regalado sin que la mereciéramos. Ayuda a cada creyente a comprender que la verdadera adoración también consiste en entregar su vida a ti.
Por Greivin P.


