La Bondad y la Misericordia de Dios

En estos pasajes bíblicos podemos observar a un grupo de personas molestas porque Pedro había entrado en una casa donde se encontraban hombres que no estaban circuncidados. Podemos ver claramente que este grupo se estaba fijando en lo externo y no en la necesidad espiritual que aquellas personas tenían de escuchar el Evangelio de Cristo. Cuando Pedro les explicó que había actuado por obediencia al Espíritu Santo y que, mientras les predicaba, el Espíritu Santo descendió sobre ellos, comprendieron que Dios les había concedido el mismo don que a los creyentes judíos. Entonces callaron, glorificaron a Dios y reconocieron que también a los gentiles les había concedido arrepentimiento para vida. 

¡Qué limitada puede llegar a ser nuestra manera de pensar! Ellos creyeron que Pedro había cometido un error al entrar en aquella casa porque sus habitantes no estaban circuncidados. Lamentablemente, a muchos cristianos nos sucede algo parecido. Juzgamos o criticamos a un hermano en la fe porque lo vemos conversando con un inconverso, o pensamos que una persona que vive en pecado no puede alcanzar el salvación. No entendemos que Dios es tan rico en misericordia y bondad que ha dado acceso al arrepentimiento a todos por medio de su Hijo Jesucristo.

Se nos hace muy fácil mirar las apariencias, pero hay algo que solamente Dios puede ver: el corazón. En esta hermosa historia, relatada en Hechos 10, encontramos a Cornelio, un hombre con un corazón dispuesto a conocer a Dios; vemos también a Pedro, un hombre obediente que llevó el mensaje de salvación a quienes deseaban escuchar la Palabra; y, finalmente, vemos a un grupo de personas que se molestaron porque Pedro entró en aquella casa.

Estos pasajes me llevan a preguntarme: ¿quiero ser como Pedro, que obedeció y llevó el mensaje de salvación, o quiero ser parte de aquel grupo que decía: “Ahí no voy porque no son de nuestro grupo” o “No puedo ir porque no son cristianos”? Debemos recordar que Cristo no vino por los sanos, sino por los enfermos; vino por aquellos que necesitan el perdón de sus pecados.

Seamos como Pedro. No hagamos acepción de personas y pidamos al Señor que nos enseñe a ver a los demás como Él los ve. No debemos juzgar por las apariencias, ni limitar el alcance de la gracia de Dios. Él mira el corazón y desea que todos procedamos al arrepentimiento. Nuestra tarea es obedecer y compartir el Evangelio con amor, sin hacer acepción de personas.

Oración:
Padre, en el nombre de Jesús, te pido perdón por tantas veces haber sido insensible a la necesidad espiritual de los demás. Espíritu Santo, ayúdame a mirar a las personas como Cristo las mira. Derrama el amor de Jesús en mi corazón y enséñame a caminar en este mundo sin hacer acepción de personas. Ayúdame a comprender que tu amor alcanza a todos por igual y que por todos enviaste a tu Hijo a morir en la cruz. No quiero ser parte de aquellos que señalan, juzgan o critican. Quiero ser obediente y llevar tu Palabra a todo aquel que la necesite. En el nombre de Jesús. Amén.

Por Maria J.