Un Discípulo Nunca Deja de Aprender

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Uno de los mayores peligros en la vida cristiana no es dejar de servir a Dios; es pensar que ya no necesitamos seguir aprendiendo de Él. En la lectura de hoy conocemos a Apolos. Lucas lo describe como un hombre elocuente, conocedor de las Escrituras y lleno de entusiasmo por hablar de Jesús. Sin embargo, también dice que su conocimiento era incompleto.

Fue entonces cuando Priscila y Aquila hicieron algo que me causa admiración y me conmueve. En lugar de avergonzarlo públicamente o desacreditar su ministerio, se acercaron a él con amor. La Biblia en Hechos 18:26 (NTV) dice: «Cuando Priscila y Aquila lo oyeron predicar con valentía en la sinagoga, lo llevaron aparte y le explicaron con más precisión el camino de Dios

Podemos destacar dos actitudes que hacen posible el crecimiento espiritual. Por un lado, la humildad de Apolos para aceptar enseñanza, aun siendo un maestro reconocido. Por otro, la sabiduría de Priscila y Aquila, quienes lo corrigieron en privado y con amor, buscando edificarlo y no avergonzarlo. Después de recibir esa enseñanza, el ministerio de Apolos fue aún más fructífero.

Lucas escribe en Hechos 18:27–28 (NTV): «Cuando llegó allá, fue de mucha ayuda para los que, por la gracia de Dios, habían creído. Refutaba con firmeza los argumentos de los judíos en debates públicos. Con las Escrituras demostraba que Jesús era el Mesías.» Vemos un principio importantísimo: Dios puede usar mucho a una persona talentosa, pero usa aún más a una persona enseñable.

Proverbios 9:9 (NTV) también nos recuerda: «Da instrucciones al sabio, y será aún más sabio. Enseña a los justos, y aprenderán aún más.» Hoy vale la pena preguntarnos: ¿Tengo un corazón dispuesto a seguir aprendiendo, o creo que ya no necesito crecer? Porque caminar con Cristo significa permanecer siempre como discípulos. Nunca llegamos al punto en que ya no necesitemos ser corregidos, enseñados y transformados por la Palabra de Dios.

Oración:
Señor, gracias porque nunca dejas de formar mi vida. Dame un corazón humilde para reconocer que todavía necesito aprender de Ti. Que sea como una vasija de barro en tus manos para que me moldees y sea capaz recibir la corrección con amor y a crecer cada día en el conocimiento de tu Palabra. En el nombre de Jesús. Amén.

Por Nadia M.