Un Dios Desconocido

Atenas era un pueblo idólatra. Adoraban a dioses de forma incorrecta porque no conocían al verdadero Dios que Pablo les predicaba. Es importante recordar que cuando permitimos que las cosas de este mundo ocupen el lugar que le corresponde a Dios en nuestro corazón, caemos en idolatría. Ese «dios» puede ser el dinero, la pareja, los hijos, las comodidades, la vanidad, el trabajo o cualquier otra cosa que tome el primer lugar en nuestra vida. 

Estos pasajes nos enseñan claramente que Dios no habita en santuarios, imágenes o esculturas hechas por manos humanas. Los atenienses tenían un concepto equivocado de quién era realmente Dios. Es impactante ver lo que la idolatría y la ignorancia pueden causar: endurecimiento del corazón y ceguera espiritual.

Le invito a estudiar los siguientes pasajes: Deuteronomio 4:15-20; 5:8-10; 7:25-26; y 12:2-4. Estos versículos nos enseñan que Dios aborrece la idolatría y que Él no habita en imágenes ni esculturas. Dios desea habitar en nuestros corazones. Su Espíritu viene a morar en nosotros cuando entregamos nuestra vida a Cristo Jesús. En 1 Corintios 3:16 leemos: «¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?»

Además, Efesios 1:13-14 nos dice que, al creer en Cristo, somos sellados con el Espíritu Santo, quien es la garantía de nuestra herencia y la evidencia de que pertenecemos a Dios. ¡Qué hermoso! El Dios todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, nos ha dado el privilegio de ser su templo. Por esa razón, no necesitamos adorar ni acudir a imágenes o esculturas, sino acercarnos directamente a Él mediante Jesucristo.

El verdadero Dios no habita en imágenes hechas por manos humanas, sino que desea habitar en el corazón de quienes creen en Él y le entregan el primer lugar de sus vidas.

Oración:
Padre, en el nombre de tu Hijo Jesucristo, te pido perdón si he sido ignorante de tu Palabra. Te ruego que quites de mi vida toda idolatría y todo aquello que ocupe el primer lugar en mi corazón. Abre los ojos de mi entendimiento y ayúdame a conocerte más cada día. Arranca de mí toda idolatría y elimina toda ignorancia que haya producido ceguera espiritual o me haya llevado por caminos equivocados. Hoy abro mi corazón y te recibo como mi Señor y Salvador. Quiero ser una morada para tu Santo Espíritu. En el nombre de Jesús. Amén.

Por María J.