Somos Templo de Dios

Estos pasajes nos muestran que el templo, el lugar donde se adoraba a Dios, había sido convertido en un mercado para vender animales y obtener ganancias. Jesús vio que la casa de su Padre había sido usada para negocios y esto le indignó profundamente. ¿Cómo no habría de molestarle si ese era un lugar consagrado para adorar al Dios soberano? Las personas que realizaban estas prácticas no tenían respeto ni temor por la casa de Dios. No valoraban ni cuidaban aquel lugar tan sagrado destinado exclusivamente a la adoración. En ese tiempo, el templo era una estructura física, porque Jesús aún no había muerto ni resucitado. Pero después de su muerte y resurrección, Él envió a su Espíritu Santo para que habitara en nuestros corazones. 

¡Qué hermoso y maravilloso es saber que el Dios todopoderoso decidió hacernos su templo! A Dios le plació habitar en usted y en mí. La Palabra nos enseña en 1 Corintios 6:19–20: “¿No se dan cuenta de que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes y les fue dado por Dios? Ustedes no se pertenecen a si mismos, porque Dios los compró a un alto precio. Por lo tanto, honren a Dios con su cuerpo.

Estos versículos nos muestran claramente que nuestro cuerpo ya no nos pertenece: es propiedad de Dios. Por ello debemos examinarnos y hacernos preguntas sinceras delante del Señor:

•¿Estoy honrando a Dios con mi cuerpo o lo estoy deshonrando?

•¿Qué prácticas estoy permitiendo en mi vida?

•¿Qué cosas salen de mí que no glorifican a Dios?

Si reconocemos que estamos haciendo algo que no honra al Señor, debemos hacer lo mismo que hizo Jesús en el templo: limpiar. Debemos sacar de nuestro “templo” — nuestro cuerpo, que es morada del Espíritu Santo— todo aquello que no glorifica su nombre.

Hoy es el día para tomar la decisión de entregarle a Dios todo nuestro ser: cuerpo, alma y espíritu, para que Él nos santifique completamente.

Oración:
Señor Jesús, gracias porque aun cuando dudamos, Tú nos sigues llamando. Ayúdame a acercarme Amado Jesús, en este momento te pido perdón si no he valorado ni cuidado mi cuerpo, que es tu templo. Señor, te pido que santifiques todo mi ser: alma, cuerpo y espíritu. Deseo honrar y glorificar tu nombre cuidando mi vida. Espíritu Santo, te pido perdón si te he contristado. Límpiame de todo pecado y santifícame en Ti. En el nombre de Jesús.
Amén y amén.

Por María J.