Jesús Hace la Voluntad del Padre
Jesús Hace la Voluntad del Padre
No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.
Juan 5.30, RVR1960.
Jesús nos dice aquí que Él se limitó a si mismo, que cuando vino a esta tierra y asumió nuestra humanidad, vino como hombre, no para hacer su propia voluntad, sino la voluntad del Padre. Y este es el ejemplo de hoy, usted y yo tenemos una voluntad, una vieja naturaleza que no es obediente a Dios. Nos cuesta ser obedientes porque por naturaleza somos rebeldes en cuanto a Dios. Esta es la condición natural de la humanidad.
Es por eso que nuestro Señor Jesucristo tuvo que decirle a Nicodemo, que tenía que nacer de nuevo. El género humano en su nacimiento físico no puede agradar a Dios. Por eso en Juan 3,6 Jesús dijo: “lo que nacido de carne, carne es y lo que nace del Espíritu es espíritu.”
Volviendo al texto, mientras Él obedecía a su Padre sucedían milagros sorprendentes a la vista de todos, sanaba ciegos, paralíticos, enseñaba, multitudes lo seguían y todos ellos llegan a ser testigos, que mas adelante podían dar fe de la veracidad de sus afirmaciones de divinidad, de ser Dios hecho carne.
Y aún siendo Dios nunca hizo nada por su propia cuenta, la Biblia nos demuestra que en su noche más dura esperando ser apresado dijo: “Padre mío, si es posible, pase de mi esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como tú.” Mateo 26, 39.
¿Te has puesto a pensar a donde nos lleva la obediencia? La obediencia abre puertas, nos mantiene con un acercamiento directo con el Padre. Es lo que Jesús quiere, que sigamos Su ejemplo, porque mientras obedecemos y seguimos sus mandatos suceden cosas.
Oración:
Por Magaly R.
Señor, gracias porque me amas y porque has preparado bendiciones celestiales para mí, fruto de tu gracia y fidelidad. Quiero vivir en obediencia a tu palabra, caminando en tus caminos y haciendo tu voluntad con un corazón dispuesto. Quiero honrarte en cada decisión, en cada palabra y en cada acción. Que mi obediencia sea un reflejo de mi amor por ti y que tu nombre siempre sea exaltado por medio de mi vida. En el nombre de Jesús. Amén