Honrar a Jesús, el Hijo de Dios
Honrar a Jesús, el Hijo de Dios
“Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.”
Juan 5.23, RVR1960.
A Jesús sea toda la gloria y toda la honra. Si decimos que honramos al Padre celestial, entonces necesariamente debemos honrar al Hijo, porque el Padre mismo así lo ha determinado. Jesús no es solo un mensajero; Él es el Hijo de Dios, el centro del plan divino de salvación.
La Palabra de Dios nos enseña que todo fue creado por medio de Él y para Él, y que en Cristo habita toda la plenitud. Él es la cabeza de la Iglesia, y todo está sujeto a su autoridad. En Él está la preeminencia. El apóstol Pablo declara claramente esta verdad en Colosenses 1:15–19: “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, dominios, principados o potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en Él subsisten. Y Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia; Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia. Por cuanto agradó al Padre que en Él habitase toda plenitud.”
No tenemos ninguna razón para dudar de la identidad ni de la autoridad de Jesucristo. El Padre le ha dado toda potestad y todo dominio para que sea nuestro Salvador. En Jesús habita la deidad, el poder y el señorío. Honrar a Cristo es honrar a Dios mismo. Para que no nos quede ninguna duda de que Jesús es todo en todo, la Escritura nos confirma esta verdad, Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Juan 14:13–14: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.”
No tenemos excusas para no reconocer que Jesús merece toda la honra. Él es el Rey de reyes y el Señor de señores. Nuestra vida, nuestra adoración y nuestra obediencia deben glorificar a nuestro amado y hermoso Jesús.
Oración:
Por María J.
Amado Padre, en este día honro tu santo Nombre. Honro a tu Hijo Jesucristo. Amado Cristo, reconozco que en Ti habita toda la plenitud. Mi alma te alaba, porque en Ti está el poder. Tuya es la gloria, la honra y la alabanza. Rindo ante Ti toda pleitesía y me postro ante tu majestad, mi Rey Jesús. Amén y amén.