¿Dónde Están los Que te Acusaban?
¿Dónde Están los Que te Acusaban?
“—Ni uno, Señor—dijo ella. —Yo tampoco —le dijo Jesús—. Vete y no peques más.”
Juan 8.11, NTV.
Creo que una de las cargas más pesadas que puede llevar una persona es la culpa. Porque hay errores que pasan, pero las consecuencias emocionales permanecen. A veces seguimos adelante por fuera, pero por dentro seguimos cargando vergüenza, rencor, heridas o recuerdos que no nos dejan descansar. Y justamente eso vemos en esta lectura.
Una mujer sorprendida en adulterio es llevada delante de Jesús. La exponen públicamente, la señalan y la colocan en medio de todos para condenarla. Pero lo más impactante no es solamente el pecado de la mujer, sino la actitud de quienes la rodeaban. Tenían piedras en las manos, listos para juzgarla, mientras ignoraban su propia condición. Entonces Jesús responde: “Como ellos seguían exigiéndole una respuesta, él se incorporó nuevamente y les dijo: «¡Muy bien, pero el que nunca haya pecado que tire la primera piedra!». Juan 8:7 (NTV). Y poco a poco todos comienzan a irse. Hasta que solo quedan Jesús y la mujer. Y ahí ocurre uno de los momentos importantes de este relato: “—Yo tampoco te condeno—le dijo Jesús—. Vete y no peques más.” Juan 8:11 (NTV)
Jesús no ignoró el pecado, pero tampoco rechazó a la persona. Con esto entendemos que: la gracia de Dios no viene para justificar nuestra vida pasada, viene para transformarla. Jesús no solamente le ofrece perdón; también le da una nueva dirección: “Vete y no peques más.” Porque un verdadero encuentro con Cristo produce cambio. Y sinceramente, creo que muchos necesitamos recordar esto hoy: nuestro pecado no tiene más poder que la gracia de Jesús cuando hay arrepentimiento genuino. La Biblia dice: “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.” Juan 3:17 (NTV)
Jesús sigue acercándose a personas rotas. Sigue restaurando vidas. Sigue dando nuevas oportunidades. Pero también sigue llamándonos a dejar atrás aquello que nos aleja de Él. Y quizá hoy la pregunta es: ¿Estoy permitiendo que Jesús transforme realmente mi vida, o solamente quiero alivio momentáneo? Porque Jesús no vino solamente a hacernos sentir mejor; vino a hacernos nuevos. Y lo más hermoso es que cuando Él perdona, también restaura. El pasado deja de definirnos y comienza una nueva historia en Cristo.
Oración:
Por Nadia M.
Señor Jesús, gracias porque aun conociendo mis errores, sigues acercándote a mí con gracia y amor. Perdóname por las veces que he vivido lejos de tu voluntad y por todo aquello que ha endurecido mi corazón. Reconozco que necesito tu perdón, pero también necesito que transformes mi vida. Ayúdame a dejar atrás lo que me aparta de Ti y a caminar en tu luz cada día. Amén.