Cuando Dios Mira El Corazón

Pablo hace una diferencia entre lo que se ve y lo que realmente somos delante de Dios. Una persona podía tener todas las señales externas de pertenecer al pueblo de Dios, pero eso no significaba necesariamente que su corazón estuviera entregado a Dios y ¿que pasa hoy con nosotros? Tenemos una Biblia, asistimos a la iglesia, cantamos alabanzas, servimos, predicamos, oramos y hasta conocemos muchos versículos de memoria y todo esto es bueno, pero ninguna de esas cosas puede sustituir una verdadera transformación del corazón. 

El pasaje que hoy estamos reflexionando nos hace una pregunta implícita, ¿Mi relación con Dios es solamente algo que otros pueden ver, o es la realidad que Dios puede ver en mi corazón? Lo que somos exteriormente no siempre muestra lo que realmente somos en nuestro interior, Romanos 2:28 nos habla de aquello que podía identificarse externamente. Hay una religión que se puede observar desde afuera, pero Dios mira más profundo, el ve hasta las intenciones y pensamientos más recónditos en nuestro corazón. 

Los hombres pueden ver nuestro servicio, nuestra conducta y nuestras palabras. Dios ve nuestras motivaciones. Podemos engañar a las personas, pero no podemos esconder nuestro corazón de Dios, estamos expuestos. Dios quiere trabajar en nuestro corazón, ahí está nuestra verdadera circuncisión, que es una señal externa del pacto, pero Pablo está diciendo que Dios busca algo mucho más profundo: un corazón transformado por Él. 

Dios no quiere simplemente que cambiemos algunas cosas de nuestra conducta. Dios quiere cambiar lo que somos desde adentro. 

¿Estoy haciendo las cosas correctas?”, Dios pretende que el centro de nuestro corazón sea de Jesús, El es el Señor, si esto es real en nosotros, nuestros corazones están siendo transformados por Dios. Nuestra mayor preocupación debe ser agradar a Dios, y ¿como lo agradamos? siendo obedientes de corazón a Su palabra.

Podemos vivir buscando que otros nos reconozcan. Que sepan que servimos, que oren por nosotros, que valoren nuestro trabajo, que reconozcan nuestro ministerio pero Pablo nos recuerda que la verdadera aprobación que importa es la de Dios. 

Hay cosas que quizás nadie ve, pero Dios sí las ve, hay sacrificios que nadie reconoce, pero Dios los conoce, hay lágrimas que nadie vio, pero Dios las vio, y hay obediencias silenciosas que quizás nunca recibirán aplausos humanos, pero son preciosas delante de Dios. “No vivamos para aparentar delante de los hombres lo que todavía no hemos permitido que Dios transforme en nuestro corazón.” 

Oración:
Padre escudriña mi corazón, que pueda siempre tener como centro en mi vida a Jesús, seguir sus pasos, aceptar sus mandamientos, que pueda ser luz y sal, y que todo cuanto haga en mi vida sea el reflejo de una vida transformada por Ti, que pueda ser un puente entre los hombre y tu amor. Amen   

Por Ps. Oscar A.