Alabar a Dios En Todo Momento

En este pasaje vemos a una multitud que alaba a Dios con gran gozo por las maravillas que Jesús había hecho. Y no es para menos: en Cristo habita todo poder y autoridad, y sus obras daban testimonio de que Él era el Hijo de Dios. 

Al analizar las palabras alabar y gozarse, surge una pregunta importante: ¿Usted y yo estamos gozosos todo el tiempo? ¿Alabamos a Dios en todo momento? Lamentablemente, muchas veces nuestro gozo y nuestra alabanza dependen de nuestro estado emocional, del entorno y de las circunstancias que nos rodean. 

Cuando todo va bien —familia, salud, trabajo, economía— estamos gozosos, damos gracias y alabamos a Dios porque “todo está bien”. Pero cuando atravesamos pruebas o tribulaciones, llegan la angustia, la tristeza y la preocupación, entonces el gozo parece desaparecer junto con la paz, y dejamos de alabar a Dios porque sentimos que no tenemos ánimo para hacerlo. Sin embargo, la Palabra de Dios nos exhorta claramente en: 1 Tesalonisenses 5:16–18 “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.” 

Amigo, amiga, nuestra fe no debe depender de lo que ocurre a nuestro alrededor, sino de Dios. Aunque las pruebas duelan y las situaciones difíciles nos afecten, no podemos permitir que nos roben el gozo ni apaguen nuestra adoración. 

La Biblia nos muestra ejemplos poderosos: 1) Pablo y Silas, aun encarcelados, oraban y adoraban a Dios con gratitud. 2) Daniel y sus amigos enfrentaron persecución y estuvieron al borde de la muerte, pero permanecieron firmes en su fe y nunca dejaron de honrar al Señor. Estos hombres entendieron que el verdadero gozo no depende de las circunstancias, sino de una fe firme en Dios. Que nuestro gozo y nuestra adoración dependan siempre de nuestra mirada puesta en Jesucristo, y no de las circunstancias que estemos enfrentando.

Oración:
Amado Padre, en este momento oro para que me enseñes a tener gozo en todo tiempo. Que mi adoración a Ti nunca falte. Espíritu Santo, ayúdame a que mi fe esté firmemente puesta en Cristo y que mi felicidad dependa solo de Ti, Señor. Quiero adorarte en todo momento.
Amén y amén.

Por María J.