El Poder Para Ser Testigos
El Poder Para Ser Testigos
«pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes; y serán mis testigos, y le hablarán a la gente acerca de mí en todas partes: en Jerusalén, por toda Judea, en Samaria y hasta los lugares más lejanos de la tierra.«
Hechos 1.8, NTV.
El mundo vive en una necesidad real y evidente. La oscuridad parece avanzar constantemente, afectando corazones, familias y comunidades enteras. Frente a esta realidad, el creyente que ha experimentado el nuevo nacimiento recibe un impulso interno difícil de ignorar: el deseo profundo de que otros también conozcan a Jesús.
Ese anhelo comienza por los más cercanos —familia, amigos—, pero poco a poco se extiende incluso hacia personas desconocidas. Nace un amor genuino por las almas y una urgencia por compartir el mensaje de salvación. Sin embargo, en ese proceso también puede surgir frustración, al sentir que no se tienen las palabras correctas, la preparación suficiente o las herramientas necesarias para hacerlo.
Aquí es donde entra una verdad fundamental: el llamado a compartir el evangelio no depende de las capacidades humanas, sino del poder de Dios. Aunque los dones y talentos tienen su lugar, no son el fundamento de la misión. Lo esencial es la obra del Espíritu Santo en la vida del creyente.
Esta realidad fue evidente en la iglesia primitiva. Aun en medio de amenazas y persecución, su enfoque no fue retroceder, sino depender aún más de Dios. Después de ser amenazados para que dejaran de predicar, su oración no fue por protección o comodidad, sino por valentía: “Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra.” Hechos 4:29 (RVR1960)
Al respecto un comentarista bíblico mencionó: «El poder del Espíritu Santo no lo limita la energía ordinaria, involucra valor, entrega, confianza, conocimiento, habilidad y autoridad. Los discípulos necesitarían de todo esto para cumplir con su misión. Si usted cree en Jesucristo, puede experimentar el poder del Espíritu Santo en su vida.«
Este poder no es algo abstracto ni lejano; es una realidad disponible para todo creyente. Es el Espíritu Santo quien capacita para hablar, quien da las palabras correctas, quien abre puertas y quien transforma los corazones.
Por eso, no hay razón para perder la confianza. El llamado sigue vigente: predicar el evangelio en todo tiempo y lugar. No se trata de hacerlo en fuerzas propias, sino de depender completamente de Dios, quien provee todo lo necesario.
Cuando hay disposición, el Espíritu Santo actúa. Cuando hay obediencia, Él respalda. Y cuando hay fe, Él hace posible lo que humanamente parece imposible.
Oración:
Por Greivin P.
Amado Dios, gracias por el privilegio de ser llamados a compartir tu verdad. Reconocemos que muchas veces sentimos temor, inseguridad o limitaciones, pero hoy entendemos que no dependemos de nuestras fuerzas, sino de tu poder. Espíritu Santo, llénanos y capacítanos. Danos valentía para hablar de Jesús, amor por las almas y sensibilidad para reconocer las oportunidades que nos das cada día. Quita todo temor y reemplázalo con fe y confianza en Ti.