
Escogidos y Santificados
Escogidos y Santificados
“Les escribo a la iglesia de Dios que está en Corinto, a ustedes que han sido llamados por Dios para que sean su pueblo santo. Él los hizo santos por medio de Cristo Jesús, tal como hizo con todos los que en todas partes invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro”.
1 Corintios 1.2, NTV.
Este versículo nos recuerda una verdad poderosa acerca de nuestra identidad en Cristo: no somos santos por nuestros propios méritos, sino porque Dios nos escogió y nos santificó por medio de Jesucristo.
La iglesia de Corinto tenía muchos problemas y desafíos. Sin embargo, Pablo no comienza señalando sus errores, sino recordándoles quiénes eran en Cristo. Dios los había llamado y apartado para Él. Lo mismo ocurre con nosotros hoy.
Muchas veces nos definimos por nuestros fracasos, errores o debilidades. Pensamos que debemos alcanzar cierto nivel espiritual para que Dios nos acepte. Pero la Biblia enseña que fue Dios quien tomó la iniciativa. Él nos llamó, nos escogió y nos hizo santos por medio de la obra perfecta de Jesús en la cruz.
Ser santificado significa ser apartado para Dios. No implica que ya somos perfectos, sino que ahora le pertenecemos a Él y que está obrando continuamente en nuestras vidas para parecernos más a Cristo.
Cuando entendemos esta verdad, dejamos de vivir buscando aprobación y comenzamos a vivir desde la seguridad de saber que somos hijos amados de Dios. Nuestra identidad no está en lo que hacemos, sino en lo que Cristo hizo por nosotros.
Hoy recuerda: eres una persona escogida por Dios, llamada por Él y santificada en Jesucristo. Antes de comenzar tu día, declara: «Soy escogido por Dios, santificado en Cristo Jesús y llamado para vivir para Su gloria.»
Oración:
Por Marianela A.
Padre celestial, gracias porque me escogiste y me llamaste para ser parte de Tu pueblo. Gracias porque no dependo de mis propias fuerzas ni de mis méritos, sino de la obra perfecta de Jesús en mi vida. Ayúdame a vivir cada día recordando que he sido santificado y apartado para Ti. Cuando me sienta débil o indigno, recuérdame mi verdadera identidad en Cristo. Que mis pensamientos, palabras y acciones reflejen que te pertenezco. Fortalece mi fe y ayúdame a caminar en obediencia y gratitud. En el nombre de Jesús, amén.

