Somos Bienaventurados

La palabra bienaventurado tiene un significado muy profundo. En hebreo quiere decir: ¡dichoso!, y en griego describe a una persona que recibe la gracia y la salvación de Dios, experimentando un gozo que no depende de las circunstancias o comodidades externas.

Quienes hemos tenido la oportunidad de experimentar el perdón de Dios podemos afirmar que ese perdón es real y viene directamente de Él. A causa del peso del pecado y de la culpa, muchas personas viven realizando obras y sacrificios para tratar de calmar sus almas; sin embargo, esos esfuerzos humanos son insuficientes y no pueden quitar el pecado.

Por esta razón, Cristo Jesús murió por nuestras iniquidades y pecados. Somos justificados por medio de Él. Jesucristo nos reconcilió con el Padre y nos libró de la ira venidera. Los siguientes versículos nos confirman esta maravillosa verdad:  “Sin embargo, con una bondad que no merecemos, Dios nos declara justos por medio de Cristo Jesús, quien nos liberó del castigo de nuestros pecados. 25 Pues Dios ofreció a Jesús como el sacrificio por el pecado. Las personas son declaradas justas a los ojos de Dios cuando creen que Jesús sacrificó su vida al derramar su sangre. Ese sacrificio muestra que Dios actuó con justicia cuando se contuvo y no castigó a los que pecaron en el pasado. 26 Dios hizo todo eso para demostrar su justicia, porque Él mismo es justo e imparcial, y declara justos a los pecadores cuando creen en Jesús. Usted puede tener la seguridad de que es justificado y perdonado al creer en Jesucristo y entregar su vida a Él”. Romanos 3:24-26.

Cuando entregamos nuestros pecados al Señor, ya no debemos vivir bajo la culpa, porque nuestras iniquidades fueron cubiertas por su sangre. Ahora somos perdonados, libres de toda condenación y verdaderamente bienaventurados. Somos dichosos porque hemos recibido el perdón, la salvación y la vida eterna por la gracia y el favor de nuestro Señor Jesucristo.

Por esa razón debe haber gozo en nuestro corazón, porque el Dios soberano nos ha perdonado. Ese Dios lleno de amor y bondad quitó toda culpa para que vivamos una vida plena en Cristo.

Recuerde: usted es bienaventurado y no tiene que realizar obras ni sacrificios para alcanzar el perdón o la salvación. Lo que debe hacer es creer en Jesucristo como Señor y Salvador, entregarle su vida y tener fe en que únicamente a través de su sacrificio es perdonado y justificado.

Oración:
Padre, gracias te doy porque me has hecho bienaventurado. Creo que has perdonado todas mis iniquidades y pecados. Gracias por quitar la culpa que había en mí y por darme la libertad que tanto necesitaba. Gracias, amado Jesús, porque tengo la seguridad de que en Ti encuentro el perdón, la salvación y la vida eterna. 

Por María J.