La Ley Revela Nuestra Necesidad

La Ley Revela Nuestra Necesidad

En este pasaje, el apóstol Pablo presenta una verdad que muchas personas encuentran difícil de aceptar: nadie puede alcanzar la justicia delante de Dios por sus propios méritos. Aunque el pueblo de Israel recibió la Ley como una bendición y una guía divina, la Ley nunca tuvo el propósito de salvar, sino de revelar la condición pecaminosa del ser humano.

1. La Ley fue dada por Dios para que tengamos presente que pecamos

Dios entregó su Ley para mostrar su carácter santo y establecer el estándar de vida que Él demanda. Cuando nos comparamos con esos mandamientos, descubrimos nuestras faltas y reconocemos nuestra incapacidad para vivir perfectamente delante de Él. La Ley funciona como un espejo que revela lo que realmente hay en nuestro corazón.

2. Nadie ha podido cumplir perfectamente la Ley

Pablo cita las Escrituras para demostrar que todos hemos pecado y estamos lejos de la perfección divina: «No hay ni un solo justo, ni siquiera uno… No hay nadie que haga lo bueno, ni uno solo.» Romanos 3:10,12 (NTV)

No importa nuestra condición, conocimiento o buenas obras; todos hemos fallado en cumplir completamente la voluntad de Dios. Esta realidad elimina cualquier motivo de orgullo y nos lleva a depender de la gracia divina.

3. Solo el sacrificio de Cristo es suficiente

La buena noticia es que Dios no nos dejó en nuestra condición de pecado. Lo que la Ley no podía lograr, Cristo lo realizó por medio de su muerte y resurrección. Jesús cumplió perfectamente la Ley y llevó sobre sí el castigo que merecíamos. Gracias a su sacrificio, podemos ser justificados por la fe y recibir una nueva vida en Él.

La Ley nos muestra nuestro problema, pero Cristo nos ofrece la solución. Cuando entendemos nuestra necesidad de un Salvador, valoramos aún más el amor y la gracia que Dios nos ha dado por medio de Jesucristo.

Oración:
Señor, gracias porque tu Palabra me muestra la verdad acerca de mi condición. Reconozco que por mis propias fuerzas no puedo alcanzar la justicia que Tú demandas. Gracias por enviar a Jesucristo para hacer por mí lo que yo jamás podría lograr. Ayúdame a vivir cada día confiando en tu gracia y no en mis méritos, recordando que solo en Cristo encuentro perdón, salvación y esperanza. En el nombre de Jesús, amén.   

Por Marianela A.