Un Corazón Endurecido
Un Corazón Endurecido
«Pues el corazón de este pueblo está endurecido, y sus oídos no pueden oír, y han cerrado los ojos así que sus ojos no pueden ver, y sus oídos no pueden oír, y sus corazones no pueden entender, y no pueden volver a mí para que yo los sane».
Hechos 28.27, RVR1960.
Continuamos con los viajes misioneros de Pablo, en esta ocasión, fue a predicar a Roma, los que no creyeron se fueron y no escucharon más acerca de Cristo. Como podemos ver, desde la antigüedad muchos han cerrado la puerta del corazón al Señor, es impresionante lo que causa un corazón endurecido, una persona cuando se niega a creer en el Evangelio y en Cristo Jesús, empieza a tener una ceguera espiritual, no puede entender las cosas espirituales, no se da cuenta que Cristo desea darle libertad de la esclavitud del pecado.
Muchas personas andan desesperados buscando cosas en el mundo para encontrar alivio en el alma porque no pueden entender que solo en Jesucristo puede encontrar lo que necesita porque su corazón está endurecido. La persona que no ha entregado su vida a Cristo no puede comprender lo espiritual porque vive en el ámbito natural, esto lo encontramos en 1°Corintios 2:14: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.”
Un corazón endurecido no ocurre de un día para otro. Generalmente comienza cuando una persona rechaza repetidamente la verdad de Dios, hasta llegar al punto en que se vuelve difícil reconocer su necesidad espiritual. Esta condición produce ceguera espiritual y limita la capacidad de comprender las cosas de Dios. Sin embargo, el pasaje también contiene una gran esperanza: Dios desea sanar, restaurar y salvar. Su anhelo no es condenar, sino que las personas vuelvan a Él con fe y arrepentimiento. Jesucristo sigue siendo la respuesta para el vacío, las heridas y las necesidades más profundas del ser humano.
Les comparto algunos consejos para aplicarlos a nuestra vida:
- Examinar nuestro corazón y permitir que Dios revele cualquier área de dureza o resistencia.
- Escuchar atentamente la Palabra de Dios y obedecerla.
- Recordar que la sensibilidad espiritual crece cuando pasamos tiempo en oración y comunión con el Señor.
- Confiar en que Cristo puede transformar un corazón de piedra en un corazón de carne, lleno de vida y sensibilidad a su voluntad.
Oración:
Por María J.
Señor Jesús, guarda mi corazón de la dureza espiritual. Abre mis ojos para ver tu verdad, mis oídos para escuchar tu voz y mi entendimiento para comprender tu voluntad. Ayúdame a rendirme completamente a Ti y a vivir cada día en obediencia y confianza. Amén.

