Los Que Rechazan a Jesús
Los Que Rechazan a Jesús
«Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle.» «Procuraron otra vez prenderle, pero él se escapó de sus manos.»
Juan 10.31,39, RVR1960.
Es impresionante ver a lo largo de toda la Escritura cómo Jesús vino al mundo con un propósito lleno de amor: dar su vida por la humanidad, reconciliarnos con el Padre y ofrecernos la vida eterna. Sin embargo, en los versículos mencionados, observamos cómo los judíos, aun siendo testigos de sus milagros y buenas obras, decidieron rechazarle. Había en ellos una profunda indiferencia y una constante búsqueda de acusarlo falsamente, pues no creían que Él era el Hijo de Dios.
Hoy en día ocurre lo mismo. Muchas personas rechazan a Jesús y no reciben su Palabra. Aunque Cristo ya no puede ser apedreado físicamente, cada vez que ignoramos su sacrificio en la cruz, actuamos de manera similar, «apedreándolo» con nuestra indiferencia. Rechazar a Cristo es despreciar el sacrificio que hizo por nosotros.
Existen muchas formas de rechazar al Hijo de Dios, por ejemplo:
- No creer en Él
- No querer escuchar la Palabra de Dios
- No entregar nuestras vidas a Jesús
- Amar los placeres y deseos del mundo
- Vivir en deleite constante en el pecado.
Cada una de estas actitudes es como lanzar piedras contra nuestro amado Salvador. Vivimos tiempos difíciles, marcados por la maldad, la violencia y la indiferencia. Todo esto refleja un mundo que ha decidido vivir sin Cristo. La humanidad se deteriora porque muchos corazones no le han abierto la puerta a Jesús.
Por eso, hoy es un llamado a reflexionar: no rechacemos a nuestro Salvador. Él nos ama profundamente y desea lo mejor para cada uno de nosotros. Entreguemos nuestra vida por completo a Él y permitamos que transforme nuestro corazón.
Oración:
Por María J.
Amado Jesús, te pido perdón si en algún momento te he rechazado con mi indiferencia o mis acciones. No quiero seguir lanzándote piedras con mi vida. Hoy creo en ti y te entrego todo mi ser. Toma el control de mi vida, guíame y transfórmame conforme a tu voluntad. Te recibo como mi Señor y Salvador. Amén y amén.