UNA CRUDA VERDAD

UNA CRUDA VERDAD

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El proverbio 31 empieza de la siguiente manera “Los dichos del rey Lemuel contienen el siguiente mensaje que le enseñó su madre”, y es así como los versículos siguientes contienen los consejos que una madre dio a su amado hijo:

Veamos uno de esos valiosos consejos:

“Las bebidas alcohólicas son para los que se están muriendo, y el vino para los que sufren angustias amargas. Que beban para olvidar su pobreza y nunca más se acuerden de sus problemas.”

PROVERBIO 31:6-7 NTV

Quiero decirte que, si eres una persona que acostumbra a embriagarse, no te sientas atacado ni juzgado por el versículo de hoy, sino que piensa que es algo que te diría tu madre, es decir, alguien que te ama y quiere lo mejor para ti.

Desde mi experiencia, puedo confirmar que lo que dicen esos versículos es cierto, nunca fui una gran tomadora, pero los años previos a entregarle mi vida a Cristo fueron los más oscuros de mi vida porque empecé a practicar más el pecado, en ese tiempo también había una circunstancia especifica que me causaba mucho dolor y “casualmente” empecé a tomar cada vez más alcohol.

Sí, mientras estaba en el bar con mis amigos me divertía mucho, pero la realidad era que al final del día, llegaba a la soledad de mi casa, con los mismos problemas, los mismos vacíos, a dormir casi que a la par del servicio sanitario para poder vomitar. ¡Qué vergüenza decirles esto! pero lo hago para que sepas que no eres el único que ha pasado por esas situaciones.

La “alegría” me duraba lo que duraba los efectos del alcohol (unas pocas horas), pero lo que no se disipaba eran los estragos que el alcohol causaba en mí, porque no nos engañemos, el alcohol nos carcome, destruye todo lo bello que hay en nosotros, nos convierte en seres desgraciados e infelices.

No puedo terminar este escrito sin preguntarte ¿Y vos porqué te embriagas? ¿Cuáles angustias amargas estás tratando de olvidar con el alcohol? Podrás engañar a otros, pero en el fondo sabes que Dios tiene la razón, que en el alcoholismo estás tratando de olvidar tu desdicha, que hay cosas en ti que te duelen, que no están sanas, y que la única “solución” que has encontrado es entregarte a la bebida, pero quiero recordarte algo: si le entregas hoy te vida a Jesús, y le pides que te salve de tu alcoholismo, Él lo hará.

Hay días que me siento cargada con mis problemas y vienen a mi mente aquellos tiempos en donde “botaba” mi estrés con una bebida alcohólica, pero ya no soy la desdichada que era hace seis años, ya no soy esclava del alcoholismo, mi amigo el Espíritu Santo me da las fuerzas para no caer en la tentación, y con su dulce voz me recuerda una y otra vez:  No te emborraches con vino, porque eso te arruinará la vida, en cambio, sé llena de mi (Efesios 5:18).

-Por Ale C.-