
¡SOY LIBRE!
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Allá por el año 2007 tuve mi primer trabajo como abogada de tiempo completo, y qué alegría más inmensa dejar de pedirle plata a mi papá y mantenerme solita. No sé cómo, pero una entidad financiera muy conocida se dio cuenta, y al poco tiempo me llegó una tarjetita que me hizo sentir poderosa, porque con ella podía comprar todo lo que yo quisiera, aunque no tuviera plata en ese momento en mi cuenta.
Las famosas tarjetas de crédito llegaron a nuestro país para enseñarnos a todos los ticos que: compre ahora y pague después.
Con aquella tarjeta yo compraba sin plata, pero cuando me llegaba mi salario, con mucho dolor depositaba mi dinero a aquella entidad financiera, más de una vez se me olvidó pagar a tiempo la famosa tarjeta, y me tocaba pagar multas (que aun me duelen) y solo una vez no pude pagar por falta de dinero, y ni le cuento los intereses que eso me generó, ahí me di cuenta lo peligrosa que era aquella tarjetita.
Una pregunta, contéstame con sinceridad:
¿Verdad que es más fácil acceder a comprarte algo a crédito, que si tuvieras el dinero en tu cuenta y tuvieras que pagarlo inmediatamente?
Cuando llegué a Jesús, muchas cosas que yo pensaba cambiaron, esto debido a la obra del Espíritu Santo, la cual abre nuestro entendimiento a la palabra de Dios. Hoy quiero compartir un texto bíblico que encontramos en Proverbios 22:7
«Así como el rico gobierna al pobre, el que pide prestado es sirviente del que presta.»
proverbio 22:7 NTV
Es cierto, a través de los créditos podemos adquirir cosas esenciales que necesitamos, pero también es cierto que en el momento en que adquieres una deuda, te vuelves esclavo de tu acreedor, eso quiere decir que tu dinero, que se traduce en trabajo, y tu trabajo, que se traduce en tiempo, y ese tiempo que se traduce en vida, le pertenece a otro, por eso tienes que ser muy sabio en elegir hasta donde estás dispuesto a ser sirviente o esclavo de otro.
Ojalá en aquel 2007, en lugar de una tarjeta de crédito, hubiera ido al banco a abrir una tarjeta de ahorro, ojalá alguien me hubiera dicho: Alejandra, no se compre cosas innecesarios, mejor ahorre.
Este año, después de siete años de ser cristiana, se me venció la tarjeta de crédito, y no la renové, no les voy a mentir, fue una lucha, porque de alguna u otra manera, mi confianza por muchos años estuvo en aquella tarjetita que me permitía comprar sin plata, recibí mensajes de la entidad financiera, recibí llamadas, porque para el mundo es locura no tener tarjeta de crédito.
Ante la insistente pregunta de ¿Por qué no desea renovar su tarjeta? La respuesta fue clara y contundente: porque la palabra dice que uno es sirviente de a quien le debe, y yo no quiero seguir siendo esclava de esa tarjetita.
Mi experiencia no se compara a la de otras personas, que lo han perdido todo a causa de las tarjetas de crédito, así que aprendamos del sabio consejo de Dios, que también desea cuidar nuestras finanzas.
-Por Ale Carillo-


