Quiero, Sé Limpio
Quiero, Sé Limpio
Puedes escuchar el episodio de hoy aquí:
“Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio.”
Marcos 1:41, NTV
En los Evangelios vemos algo que se repite: la gente se admiraba de Jesús. No era solo lo que decía, sino cómo lo decía. Enseñaba con autoridad. No hablaba como los escribas, que repetían tradiciones; Él hablaba como quien conoce la verdad desde adentro.
En Mateo 7:28-29, después del Sermón del Monte, la multitud queda impactada. Cuatro capítulos llenos de doctrina pura, enseñanza firme, principios que no se mueven. Jesús estaba poniendo los cimientos para una vida edificada sobre la roca.
Ahora, cuando vamos a Marcos 1, vemos esa autoridad en acción. No solo palabras. Hechos. Milagros. Liberaciones. Sanidades. Jesús entra en la sinagoga, confronta demonios, sana enfermos, hace el bien constantemente. Y todo esto sin ignorar la ley de Moisés. En un contexto religioso rígido, donde lo estaban observando para acusarlo, Él caminaba con sabiduría y firmeza.
Hay un detalle que no podemos pasar por alto: Jesús se levantaba muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y se iba a orar. Antes de predicar, antes de sanar, antes de enfrentar multitudes, buscaba al Padre. Ahí estaba su fuerza. Ahí estaba el sostén.
Y en medio de esa jornada aparece un leproso. La lepra no era solo una enfermedad física; era exclusión social, era aislamiento, era vivir marginado. Ese hombre se acerca, se arrodilla y le dice: “Si quieres, puedes limpiarme.” Esa frase es profunda. No duda del poder de Jesús. Duda de si Jesús querrá hacerlo. El texto dice que tuvo misericordia. Extendió la mano. Lo tocó. Y dijo: “Quiero, sé limpio.”
No fue solo poder. Fue compasión en acción. En ese momento el leproso quedó limpio. Instantáneamente. Y Jesús le pide que cumpla lo que la ley indicaba: «presentarse a los sacerdotes.» Pero el hombre, desbordado, salió a contar lo que había pasado. Aquí aprendemos que la autoridad de Jesús no es fría; está llena de compasión. El poder de Dios no es teoría; es intervención real. Y la voluntad de Jesús es limpiar, restaurar y acercar al que está lejos. A veces dudamos como el leproso. Sabemos que Dios puede, pero no estamos seguros de que quiera. Este pasaje nos recuerda que su corazón está inclinado hacia la restauración. Jesús no tuvo miedo de tocar al impuro. Y en vez de contaminarse, Él contagió pureza.
Oración:
Por Pastor Oscar A..
Señor, enséñanos a ver como Tú ves.
Danos un corazón sensible al necesitado.
Que no pasemos de largo frente al dolor.
Enséñanos a sanar al quebrantado, a vendar al herido y a acompañar al que está solo.
Danos valentía, claridad y dirección.
Que podamos ser luz y sal en medio de este tiempo.
Haznos instrumentos útiles en tus manos.
Amén.