
HABÍA UNA VEZ UN REINO
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Había una vez un reino, llamado «El Reino de las Tinieblas», era gobernado por el príncipe de la potestad del aire, llamado Satanás. Este príncipe no estaba solo, pues gobernaba con la ayuda de principados, potestades, gobernadores de las tinieblas y huestes espirituales de maldad.
Los habitantes de este reino, no podían ver, porque había una profunda oscuridad.
Al no poder ver, los habitantes estaban totalmente a merced del príncipe y de sus secuaces, quienes mediante el engaño y la mentira, los controlaban para que hicieran todo lo que ellos quisieran.
Al principio los habitantes no se percataban de su ceguera, pues como nunca habían visto la luz, no la conocían ni la necesitaban, además, muchas cosas que hacían les parecían divertidas, sin embargo, poco a poco, conforme pasaba el tiempo, los habitantes se empezaron a llenar de mucho sufrimiento, sus vidas estaban totalmente vacías y por eso deseaban acabar con ellas.
El príncipe se regocijaba en esto, pues, aunque disfrutaba atormentar a sus habitantes, lo que él realmente quería era sus almas, por lo que lo que esperaba ansiosamente sus muertes.
Sin embargo, existía otro reino, un reino superior, más poderoso que cualquier otro reino. Este reino se llamaba «El Reino de la Luz» y estaba ubicado en el punto más alto del cielo. El Rey vio desde su trono la maldad de aquel príncipe inmundo, y el sufrimiento de sus habitantes, y su corazón se llenó de compasión. Sabía que los habitantes practicaban la maldad, sin embargo, aún así, el corazón del Rey era misericordioso.
El Rey decidió salvar a los habitantes del reino de las tinieblas, pero sabía que debía pagar un rescate por ellos, fue entonces cuando decidió enviar a su hijo, quien era la Luz Verdadera. El hijo del Rey tendría que venir al reino de las tinieblas y quitarle todo el poder al príncipe y a sus secuaces, y rescatar a los habitantes.
Así lo hizo, Luz Verdadera que alumbra a todo hombre, vino a ese mundo, y pagó con su vida un rescate por todos los habitantes y de esa forma:
«Él anuló el acta con los cargos que había contra nosotros y la eliminó clavándola en la cruz. De esa manera, desarmó a los gobernantes y a las autoridades espirituales. Los avergonzó públicamente con su victoria sobre ellos en la cruz.»
Colosenses 2:14-15 ntv
La Luz Verdadera brillaba tan intensamente, que las tinieblas no pudieron prevalecer, a causa de la Luz, los habitantes pudieron ver su verdadera condición, es decir, pudieron ver la oscuridad que había en ellos.
Todos los habitantes que fueron rescatados, fueron trasladados al «Reino de la Luz», donde vivieron eternamente felices y con un corazón lleno de agradecimiento:
«Pues él nos rescató del reino de la oscuridad y nos trasladó al reino de su Hijo amado»
colosenses 1:13 NTV
Espero que hayas disfrutado este Pan Diario, que aunque parece un cuento, no es cuento.
Por 32 años viví en el «Reino de las Tinieblas», donde mi vida era controlada por Satanás y sus secuaces, mi vida era muy influenciada por poderes espirituales de las tinieblas, y entre más practicaba el pecado, más vacía estaba mi vida.
Hasta que un día, la Luz Verdadera brilló para mi, mi amado Jesús iluminó los ojos de mi entendimiento, y pude ver mi condición de pecado, pude ver el mal que había en mi, y correr a sus brazos con un corazón arrepentido y obtener -sin merecerlo- su perdón.
Fue así que antes estaba lejos de Dios, pero a través del sacrificio de Jesús, fui trasladada a la presencia de Dios, es decir, fui traslada del reino de la oscuridad, al reino de la luz, donde ningún poder espiritual de este mundo puede tocarme, pues mi vida, completamente, está escondida en Cristo Jesús.
Soy ciudadana del Reino de la Luz, sin merecerlo, y si tu también los eres, que te parece si terminamos este Pan Diario diciendo: ¡Aleluya! ¡Gracias Rey por rescatarnos! ¡Te amamos Jesús!
-Por Alejandra Carrillo Salazar-


