FUIMOS SELLADOS

FUIMOS SELLADOS

Escucha este Pan Diario aquí:

«…habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa.»

Efesios 1:3 b (RVR60)

Hoy les quiero contar una historia muy personal acerca de este versículo y lo que causó en mí.

Cuando Cristo me alcanzó y en su infinita misericordia me abrazó, lo primero que el hizo fue sanar y restaurar mi corazón. Él me fechó y yo quería invertir mi tiempo solo en Él.

Una de las primeras cosas que sucedieron fue mi pasión por leer la biblia.

Cuando llegué a esta carta de Efesios y leí este versículo, sucedió algo indescriptible para mí, con mis palabras puedo decirles que empecé a sentir que mi corazón se salía de mi pecho, las lágrimas brotaban sin cesar, era incontrolable, un fuego marcaba mí corazón.

Leí este versículo infinidad de veces y entendí que esta promesa se estaba cumpliendo en mí, es decir, que había sido sellada por la promesa de su Santo Espíritu. Realmente me sentía una nueva criatura, es como si hubiera regenerado mi vida por completo.

Esto me hizo volver al libro de Juan donde nos dice que es necesario nacer de nuevo:

«Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.«

Juan 1:12 (RVR60)

O sea, habiendo oído la palabra de verdad, escuchando con entendimiento, con comprensión Dios nos llama, un llamado donde el Espíritu Santo hace que esas palabras sean reales y verdaderas.

Y habiendo creído en Él, las buenas noticias de nuestra salvación, fuimos liberados y al depositar nuestra confianza en Cristo, es la explicación de un nuevo nacimiento en Él.

Y entonces eres sellado con el Espíritu Santo de la promesa.

Cuando oyes y crees, llega el Espíritu a realizar la obra y el te lleva a toda verdad, nos regenera e implanta la imagen del Dios vivo sobre nuestro corazón y nos hace propiedad legítima de Dios:

«Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello. Conoce el Señor a los que son suyos y apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.»

2 Timoteo 2:19 (RVR60)

El Espíritu Santo es el sello y eso garantiza que Él nos entregará a Cristo para el día de la redención.

Cuando entiendes en tu corazón y en todo tu ser que eres propiedad de Cristo y su Santo Espíritu viene habitar en ti. Tú vida nunca será igual, ya no estás solo. Él vive contigo y tú vives para Él.

Oró a Dios Padre porque la revelación de su palabra llegue a cada uno de ustedes y que su Espíritu Santo selle sus corazones.

-Por Magaly Ramírez Rodríguez-