Fidelidad que no se rinde.
Fidelidad que no se rinde.
Puedes escuchar el episodio de hoy aquí:
“Entonces Jesús les dijo: ‘Un profeta recibe honra en todas partes menos en su propio pueblo, entre sus parientes y su propia familia’.”
Marcos 6.4, NTV
La porción de hoy nos presenta tres escenas que están profundamente conectadas: la incredulidad en Nazaret, el envío de los doce y la muerte de Juan el Bautista. A primera vista parecen historias separadas, pero juntas nos muestran una verdad poderosa: la fidelidad a Dios no siempre será recibida con aplausos; muchas veces será recibida con rechazo.
Jesús regresa a su propio pueblo, Nazaret. Enseña con sabiduría y la gente se asombra, pero en lugar de creer, cuestionan. Dicen: “¿No es este el carpintero, el hijo de María?” (Marcos 6:3, NTV). Lo reducen a lo común. La familiaridad se convierte en incredulidad.
El texto continúa diciendo: “Y debido a la incredulidad de ellos, no pudo hacer ningún milagro allí, excepto poner sus manos sobre algunos enfermos y sanarlos. Y estaba asombrado por la incredulidad de ellos.” Marcos 6:5–6 (NTV). No es que Jesús haya perdido poder; es que un corazón cerrado no puede recibir lo que Dios ofrece. La incredulidad no limita a Dios en esencia, pero sí limita lo que nosotros experimentamos de Él. Esta realidad nos confronta: ¿cuántas veces la rutina espiritual ha enfriado nuestra expectativa? ¿Cuántas veces creemos saber tanto de Jesús que dejamos de depender verdaderamente de Él?
Pero el rechazo no detiene la obra de Dios. Inmediatamente después, Jesús envía a los doce discípulos. Los capacita en autoridad, los envía de dos en dos y les enseña a depender completamente de Dios. Esto nos muestra que, aunque algunos rechacen el mensaje, la misión continúa. Más adelante, el capítulo relata la muerte de Juan el Bautista. Juan fue fiel al confrontar el pecado, aunque eso le costara su libertad y finalmente la vida. Humanamente hablando, parece un fracaso; espiritualmente, es una muestra de coherencia y valentía. Su fidelidad no dependía de la aceptación pública.
Jesús mismo lo advirtió en otro momento: “El mundo los odiará porque ustedes no son del mundo, tal como yo no soy del mundo.” Juan 15:19 (NTV)
Quiero decirte que rechazo no es señal de derrota; muchas veces es evidencia de que estamos permaneciendo firmes en la verdad. Tal vez hoy enfrentas rechazo o señalamientos por tu fe. Tal vez has sido cuestionado, ignorado o malinterpretado. Marcos 6 nos recuerda que ni Jesús fue aceptado por todos. Ni Juan fue comprendido por todos. Y aun así, ambos fueron fieles. Nuestra fidelidad se sostiene en la fidelidad de Dios. Él no deja de obrar porque otros no crean. Él no abandona Su propósito porque algunos rechacen el mensaje.
Hoy el llamado es claro: creer aunque otros duden, permanecer aunque otros se aparten, y servir aunque no siempre seamos reconocidos.
Oración:
Por Nadia M.
Señor Jesús, te agradezco porque Tu fidelidad no depende de la respuesta humana sino que permanece. Perdóname si en algún momento la incredulidad, la rutina o el temor han limitado mi confianza en Ti.
Señor, no permitas que la frialdad de otros apague el fuego que encendiste en mí. Que mi fidelidad no dependa de circunstancias favorables, sino de la certeza de que Tú permaneces fiel.
Hoy decido creer aunque otros duden, avanzar aunque otros retrocedan y permanecer aunque otros se aparten. Hazme fiel hasta el final.
Que mi vida sea un reflejo de Tu verdad, y que nada ni el rechazo, ni la oposición, ni el temor me aparte del propósito por el cual me has llamado. Amén.