Esperando Su Regreso

Puedes escuchar el episodio de hoy aquí:

Este pasaje me hace pensar en la etapa del noviazgo, una etapa hermosa, donde buscamos la forma de ver al novio o a la novia, nos preparamos con tiempo para ponernos la mejor ropa, los mejores zapatos y hasta echarnos el mejor perfume, esto sucede porque estamos enamorados y queremos impresionar a esa persona tan especial.
Resulta, que tenemos un novio que vendrá pronto por su novia, y ese novio se llama Jesús, nuestro amado Jesús, el que dio su vida por nosotros, Él desea que su amada novia (su iglesia) esté preparada para ese gran encuentro.
Por esa razón, debemos estar listos para ver cara a cara a nuestro Señor, me emociona saber que un día lo veremos y estaremos una eternidad con nuestro amado, pero tenemos un requisito para poder estar con Él y ese requisito es la Santidad Cristo viene por una iglesia preparada, limpia, sin mancha y sin arruga, una iglesia que anhele su venida.

Si usted ya entregó su vida a Cristo no permita que los afanes del mundo lo distraigan, no pierda ese primer amor, manténgase firme porque no sabemos el día ni la hora, seamos como la vírgenes prudentes que estaban lista para recibir a su Señor, que nuestras lámparas no se apaguen, sino que sigan ardiendo y deseemos la pronta venida de nuestro Salvador. Si usted no ha entregado su vida a Cristo, le invito para que tome la decisión de hacerlo, Jesús llena todo vacío, Jesús es el camino, la verdad y la vida, te aseguro que si le entregas tu vida al Señor no serás el mismo, tendrás plenitud de gozo porque Cristo es el que lo llena todo.

Oración:
 Padre, en el nombre de Jesús, te damos gracias porque nos diste una esperanza a través de tu Hijo, y esa esperanza es vivir una eternidad junto a Él, te pedimos amado Espíritu Santo, nos ayudes a mantenernos firmes, sin retroceder, ayúdanos a guardarnos para ese gran encuentro, queremos vivir en Santidad, agradarte en todo lo que hagamos. Señor Jesús, limpianos, purificanos de todo pecado. Amado Jesús, deseamos tu regreso. Amén

Por María Juarez