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Hoy vamos a hablar del poder creativo, sanador, libertador y restaurador de la palabra de Dios. Veamos lo que dice Isaías:
«Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.»
ISAIAS 55:10 RVR60
Hace algunos años cuando aún vivía con mis padres, recién conocía al Señor y había empezado leer su palabra, estaba maravillada e impactada y le pedí al Padre en el nombre de Jesús conocer más de Él, su amor, y su bondad.
Para ese mismo tiempo en mi casa teníamos una perra negra, muy amorosa, juguetona, era muy querida por todos en la casa y se llamaba Laica, pero cierto día amaneció con poca movilidad, al día siguiente ya no podía levantarse, no tenia deseos de comer y lo peor era que estaba ciega, tenía como una membrana blanca que cubría sus ojos.
Mi padre como buen campesino, dijo “esa perra de hoy a mañana, no pasa”
Aquellas palabras me entristecieron y llegaron a lo profundo de mi corazón, pero en medio de esto recordé las palabras que había leído de la biblia y fueron consuelo para mí:
- El justo sabe que sus animales sienten (Proverbios 12:10)
- Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón (Salmos 37:4)
Tal fue el impacto de estas palabras en mi corazón, que fui movida hacia donde estaba la perra y sin pensarlo clamé con esas mismas palabras, teniendo en mente que la última palabra la tenía Dios, sabiendo que a quién clamaba era soberano, sobrenatural, que no se regía por las leyes de la física, la ciencia o la medicina, sino por su palabra.
Todo esto transcurría ante la mirada incrédula y burlona de mi padre, diciéndome: «¡Estás loca hija mía, la biblia te ha nublado el entendimiento!»
Yo continué, ignorando sus burlas, di gracias al Señor y dije “hágase tu voluntad”,
Para entonces ya eran como las 7:00 pm y mi padre pasó burlándose de mí aquella noche, y me repetía, ¡estas locas!; sin embargo, al día siguiente, y ante la mirada incrédula y asombrada de mi padre, la perra andaba corriendo, brincando y viendo, como si nunca hubiese estado enferma.
Hoy en día reconozco que la palabra de Dios es viva, es eficaz y que, al pronunciarla con fe en su hijo Jesús, ocurren diferentes milagros, de sanidad, de liberación, de restauración.
Y si Dios soberano tiene compasión de un animal y de su creación, ¿Cuánta más compasión y misericordia tiene de ti y de mí? Solamente tenemos que creer en el poder de su palabra y no dudar de las promesas que hay en ellas.
Te invito a que le pidas al Padre que por medio de su hijo Jesús y mediante su Espíritu Santo puedas conocer el poder sanador, restaurador, y libertador de su palabra, porque estas no son sus palabras, son las de Él.
-Por Marianela Arias-




