
EL DÍA QUE ME DEJÓ EL AVIÓN
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El día que me dejó el avión, llegué temprano al aeropuerto con todos mis documentos en regla, ese día regresaba a mi país, y a pesar de que pasear es muy bonito, uno siempre tiene ganas de regresar a casa a ver a la familia y a comer arroz y frijoles, los ticos me entenderán.
Como aún tenía tiempo, fui a ver las tiendas, andaba el teléfono sin internet, y esta es la parte que cuesta explicar: simplemente me desconecté de la hora y me distraje viendo cosas.
Cuando llegué a la puerta de embarque con un retraso de pocos minutos, la empleada de la aerolínea fue categórica: “ya hicimos el ingreso, ya no es permitido subir a nadie.”
El avión estaba ahí mismo, pero ya la puerta estaba cerrada, y mis compañeros de viaje ya estaban montados.
Mis amigos me llamaron por teléfono, pero la llamada no salió.
Fui llamada en altavoz por todo el aeropuerto, pero no escuché nada.
Mis amigos sentían mucha pena por mí, pero por más que me amaran y se preocuparan por mi, no podían perder su vuelo, ellos tenían que abordar y regresar.
¿Cómo me sentí en ese momento?
¡Enojada! ¡Que le costaba a esa señora abrir la puerta nuevamente para que yo entrara!
Me sentí molesta conmigo misma, por distraída.
Aquello parecía mentira, después del enojo vino la preocupación y otras emociones más.
¿Por qué les cuento esta historia? La verdad me da un poco de pena, pero se las conté con un propósito, y es hacerles una advertencia:
En este momento Dios está haciendo un llamado a toda la humanidad, de que rindan sus vidas a Cristo para la salvación de sus almas, pero este llamado tiene fecha de caducidad, y llegará el día en que esa puerta se cerrará.
¿Cuántas personas te han dicho este mensaje? ¿Cuántas personas te han predicado el evangelio y te han hecho ver que el tiempo se te está acabando?
Pero puede ser que te esté pasando lo mismo que me pasó a mi en el aeropuerto: estás tan distraído con las cosas de este mundo que ni siquiera escuchas cuando te están llamando.
¿Y saben cuál es la realidad de esto?
Que este llamado es individual, es decir, es una puerta que debemos atravesar cada unos de nosotros.
Así que si tu padre o madre le entregaron sus vida a Cristo, o tu esposa o tus hijos, pero usted no, ¿adivine que va a pasar?
Por más que te amen, ellos no van a perder su viaje, usted sí.
A mi no me dejó el avión, yo perdí el avión, pero mi ventaja es que al final pude comprar otro boleto y regresar, mi pérdida fue material, pero si usted se queda fuera del vuelo de la salvación, amigo mío, ya no encontrarás otro vuelo, no habrá segundas oportunidades.
¿Cuándo se cierra esa puerta? ¿A qué hora debes estar en la puerta de abordaje?
No lo sé, nadie sabe el día que va a morir, o el día que Jesús regresará.
Pero a decir verdad, yo ya no me juego el chance, ahora cuando me toca abordar estoy con bastante antelación en el lugar, ya no estoy dispuesta a volver a perder un avión, así que sigue mi consejo: no esperes el último momento, deja de posponer acudir al llamado de la salvación, deje de dar vueltas y móntese en el avión de una vez.
Hay muchos versículos que les podría citar, que respaldan este mensaje que hemos traído para usted hoy, estoy segura de que ya has escuchado el mensaje del evangelio, ya sea en una iglesia, o porque alguien te lo dijo o incluso lo viste en alguna publicación, así que por favor no endurezcas tu corazón y escucha lo que Dios tiene que decirte hoy:
“Busquen al Señor mientras puedan encontrarlo; llámenlo ahora, mientras está cerca.»
ISAIAS 55:6 NTV
Amigo mio, hoy Dios te está llamando para abordar, escucha con atención, podría ser tu último llamado, corre a Jesús en este mismo momento, porque cuando la puerta se cierre, no hay marcha atrás.
-Por Ale Carrillo-


