Ver Para Creer

Existe un dicho muy popular que muchos conocemos: “ver para creer”. Esto mismo expresó Tomás cuando sus compañeros le dijeron que Jesús había resucitado: “hasta que no vea, no creeré”.

Tomás no era un desconocido del Señor. Él caminó con Jesús, escuchó sus enseñanzas y fue testigo de grandes milagros. Sabía que Cristo había anunciado su muerte y resurrección. Sin embargo, cuando recibió la noticia, dudó.

Qué impactante pensar que uno de los discípulos más cercanos no creyó de inmediato. Y, sin embargo, ¡cuánto nos parecemos a él! Muchas veces estamos en la iglesia, servimos, oramos, ayunamos y leemos la Palabra, pero aún así la duda se instala en nuestro corazón. Nos comportamos como Tomás: queremos ver primero para poder creer.

Este pasaje nos confronta profundamente y nos lleva a preguntarnos: ¿Soy verdaderamente creyente o todavía lucho con la incredulidad? La buena noticia es que Jesús no rechazó a Tomás. Al contrario, se le mostró y le dio la oportunidad de creer. Así también, el Señor tiene paciencia con nosotros y nos invita a confiar en Él, incluso cuando no vemos. Recordemos lo que dice Marcos 9:23: «Todo es posible para el que cree.«

Oración:
Padre, necesito tu ayuda. Amado Jesús, hoy te pido que me ayudes a vencer la incredulidad. Quiero ser una persona de fe, capaz de creer aun sin ver. Quita de mí toda duda y enséñame a confiar plenamente en tus promesas. Arranca de mi corazón ese pensamiento de “ver para creer” y reemplázalo con una fe firme y viva. Haz de mí alguien que camina por fe y no por vista. Amén.

Por María J.