La Duda Estorba Tu Oración

Puedes escuchar el episodio de hoy aquí:

Zacarías era un sacerdote que obedecía los mandamientos y las ordenanzas del Señor, era un hombre justo a los ojos de Dios, pero luchaba con la duda y la incredulidad, me imagino que dentro de sus oraciones le pidió un hijo a Dios, en Lucas 1:13 dice lo siguiente: “Pero el ángel le dijo: ¡No tengas miedo tu esposa, Elizabet, te dará un hijo, y le llamarás Juan!” Me impresiona la reacción de este siervo porque un ángel se le presentó, no fue una persona el que le dijo esas palabras, fue un ángel enviado por Dios, pero Zacarías no creyó. Este hombre tenía muchas cualidades, tenía un gran liderazgo, pero le faltaba fe.

Eso impacta mi corazón porque nosotros como hijos de Dios nos pasa o nos ha pasado en algún momento lo mismo, estamos luchando con la duda y con la incredulidad, le pedimos algo a Dios, oramos para que el Señor nos haga un milagro y luego dudamos, muchas veces nos atrevemos a cuestionar al Señor, incluso, dudamos de la salvación o nos ponemos a pensar ¿Será que soy hija o hijo de Dios? Sabemos que algunas peticiones Dios no las concede porque su voluntad es buena, agradable y perfecta y sabe que a veces pedimos mal y la respuesta no llega, pero muchas veces las respuestas a nuestras oraciones no llegan por la duda o la incredulidad que tenemos. 

En los siguientes pasajes bíblicos vemos que Jesús no pudo hacer milagros por la incredulidad de la gente. Marcos 6:5-6: “Y debido a la incredulidad de ellos, Jesús no pudo hacer ningún milagro allí, excepto poner sus manos sobre algunos enfermos y sanarlos. Y estaba asombrado de su incredulidad.” Que el Señor nos ayude para que toda incredulidad se vaya de nosotros en el nombre de Jesús.

Oración:
Padre, en el nombre de tu Hijo Amado Jesús, te pido perdón si ha venido a mi la duda y la incredulidad, reconozco que soy débil y necesito tu ayuda, hazme una persona de fe y enséñame a poner mi confianza en ti, que en tu tiempo responderás las peticiones de mi corazón conforme a tu santa y perfecta voluntad. Amén y amén.

Por María J.