El Hijo de Dios
El Hijo de Dios
Puedes escuchar el episodio de hoy aquí:
Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.
Marcos 15.39, NTV
El centurión romano fue el primero en ver morir a Jesus, seguramente había visto cientos de crucifixiones, habría quebrado muchas piernas, esto era para apresurar las muertes para volver temprano a casas quizás, esta vez vez no fue necesario, el Señor ya había dicho “Consumado es”, ya había entregado su espíritu,ya había cumplido parte de su plan perfecto de redención.
Ya había quedado atrás la entrada triunfal a Jerusalén, los Hosannas al Hijo de David se diluyeron detrás de los ¡crucifícale! que el mismo pueblo que lo vitoreó ahora pedía su crucifixión, influenciados por el conjunto de religiosos que querían mantener su poder político dentro de la sociedad judía del momento, el mismo pueblo pedía la liberación de Barrabás, terrorista zelote que había participado de varios alzamientos contra el imperio, el camino al Gólgota permitió ver a Jesús cargar esa pesada cruz, por un momento llevada también por Simón de Cirene, ya en el Gólgota le ofrecen vino con mirra para calmar sus dolores pero El se negó, hasta el final quiso llevar sobre Él el quebranto por todos nosotros.
Tiraban suertes para ver quién se quedaba con su ropa, y proclamaban para la posteridad el título de Rey de los Judíos, lo pusieron entre dos bandidos, la gente que pasaba por el lugar lo insultaba y le pedía que haga el milagro de bajarse de la cruz y que se salve a sí mismo, la muerte fue rápida, pero antes de morir se le escucho decir, “¿Dios mio Dios mio porque me has abandonado?” ,vivió en carne propia la condena que el Padre debía hacer sobre cada uno de nosotros, El Señor da un fuerte grito y murió, y mientras esto ocurría en el Gólgota, allí en el templo el velo que separaba el lugar Santo del Lugar Santísimo se parte en dos desde arriba hacia abajo, ya el acceso estaba abierto, la preciosa Sangre del Señor comenzaba a hacer efecto, podemos entrar ahora confiadamente al trono de la gracia para hallar el oportuno socorro.
Ese centurión romano es el primero que dice luego de la muerte del Señor, “verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.” No podemos dejar de ver que el Señor siempre cumple las profecías y en este caso el pasaje nos lleva nuevamente al profeta Isaias que escribe en su libro en el capítulo 53:5-6: “Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados, el castigo de nuestra paz fue sobre Él y por sus llagas fuimos nosotros curados, todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino mas Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros” Y en el libro de los Salmos en los capítulos 22, 34 y 69 también evidencian pasajes proféticos sobre este trascendente momento para nuestras vidas.
Así es, este fue uno de los momentos más trascendentales para nosotros, el Señor comienza la tarea de la redención eterna, ya ha derramado su sangre, ya el velo se ha partido en dos, ya ha consumado la victoria en la cruz del calvario sobre la muerte, ”¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.” 1 Corintios 15:55-57.
Hoy es nuestra garantía, por la fe llegamos a ser redimidos, por la fe somos limpios y aceptos a través de su Sangre preciosa. Que el Señor nos permita poder vivir cada día del resto de nuestras vidas, esta fe, que a su vez compartimos con otros para cumplir con su llamado de predicar el evangelio a toda criatura.
Oración:
Por Ps. Oscar A.
Señor hoy recordamos en tu muerte el momento que nos llamaste, el momento que te dijimos si Señor te seguiremos, serás el Señor de nuestra vida, solo en ti tenemos el mérito para poder llegar a la vida eterna, por tus llagas somos curados, nuestra paz fue tu castigo, tus azotes nuestras rebeliones. Que podamos tener el gozo de nuestra salvación cada momento, y que podamos también discernir los momentos que nos estamos desviando de tu camino y volvamos a corregir el rumbo para poder ser instrumentos útiles en tus manos.
Amén.