MÁS QUE UN COLIBRÍ

MÁS QUE UN COLIBRÍ

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«Por eso les digo que no se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente alimento y bebida, o suficiente ropa para vestirse. ¿Acaso no es la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa?»

MATEO 6:25 NTV

En mi vida he visto muchas aves, con hermoso plumaje, pero siempre que veo un colibrí, me quedo hipnotizada observándolos, sus alas de colores vividos y sus movimientos tan sincronizados, parece que ofrecieran una danza entre los campos y las flores.
Pero quién diría que para mantenerse el colibrí, debe consumir en azúcares cada día, más de la mitad de su peso corporal, lo cual para su pequeño cuerpo representa mucho más de lo que un ser humano consume en relación con su propio cuerpo. Para mantenerse esta ave generará en proporción a su tamaño, la misma cantidad de energía que produce un moderno helicóptero, para ello en promedio visitará entre 500 y 3000 flores por día.
Por lo cual esto me hace pensar en las palabras de Jesús de Mateo 6:26-27:

«Miren los pájaros. No plantan, ni cosechan, ni guardan comida en graneros, porque el Padre celestial los alimenta. ¿Y no son ustedes para él mucho más valiosos que ellos?

¿Acaso con todas sus preocupaciones pueden añadir un solo momento a su vida?»

MATEO 6:26-27 NTV


Al meditar en esto, lo único que puedo pensar es, si Dios les provee su sustento a estas aves y todas las demás y las viste con tanta hermosura, ¿Cuánto más hará por nosotros que somos más que estás aves?, ¡somos sus hijos, comprados con un precio muy alto!
Y sí conocemos que la palabra de Dios es inspirada por el Rey de Reyes y Señor de Señores, sabemos que en ella está impresa su firma que la respalda, y si Él lo dijo, es porque ¡Él lo hará!
Entonces no nos queda más que apropiarnos de su palabra y descansar en ella, sabiendo que:

«Dios, suplirá todo lo que nos falta, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.»

Filipenses 4:19 rvr60


Y en vano el está el angustiarnos, pensar y pensar, porque todo se mueve bajo la voluntad de Dios.
Y esto me trae a la mente una ocasión cuando estábamos pasando una situación muy difícil económicamente, y solamente teníamos un puñado de frijoles cocinados para comer.
Así que abatida y conociendo la palabra de Dios y su garantía me encerré en mi casa y clamé a mi Padre diciendo: «Señor tu sabes de que tenemos necesidad y le agradecí por su misericordia.»
Y no habiendo pasado mucho tiempo de mi oración, alguien tocó a mi puerta y me traía una taza entera de picadillo de papaya y varias tortillas; esa persona no sabía mi situación y mi necesidad, pero Dios sí lo sabía y proveyó para mí necesidad.

Por eso, soy fiel testigo y creyente de que Dios es suplidor y que Él cumple su palabra

-Por Marianela Arias-