
JESÚS PURIFICA EL TEMPLO
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En el contexto histórico en que vivió Jesús, el templo era un lugar muy importante, una de las funciones más importantes que tenía era el de ser un centro de adoración, en donde se rendían ofrendas a Dios.
Jesús fue crucificado en la víspera de la celebración de la pascua, así que unos días antes de ser crucificado, visitó el templo. Mateo 21:12 RV60 nos habla de algo que pasó en ese momento:
“Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas”
MATEO 21:20 RV60
¿Por qué Jesús reaccionó de esta manera?
Muchos podrían malinterpretar la reacción de Jesús, sino conoce el contexto.
Resulta que durante las celebraciones, como la pascua, muchos judíos viajaban de muy largas distancias para llevar sus ofrendas al templo, entonces estos judíos tenían dos problemas: no podían llevar sus propios animales para los holocaustos, además, su tipo de moneda era diferente, ante esta situación, se veían obligados a cambiar su dinero y a comprar animalitos, y ¿adivinen que pasaba? Pues pasaba que en el templo llegaban cambistas y vendedores a estafar a estas personas.
Es así como un lugar santo, apartado para la adoración a Dios, se convertía en una cueva de ladrones.
¿Ahora si entiendes la reacción de Jesús?
El celo de Jesús por la santidad, hizo que entrara a ese templo y echara fuera a los cambistas y vendedores, que se aprovechaban de la necesidad de los otros.
Sí, Jesús era manso y bondadoso, pero Jesús también era santo, y no iba a permitir que en ese templo hubiera algo que atentara contra esa santidad.
Ese templo fue destruido en el año 70, y desde esa fecha el pueblo judío no ha podido levantar otro templo, pero que ahora exista un templo o no, ya no tiene mucha importancia, ¿saben por qué? Miren lo que dice la biblia:
«¿No se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes y les fue dado por Dios? Ustedes no se pertenecen a sí mismos»
1CoRINTIOS 6:19 ntv
Todos los que hemos entregado nuestra vida a Jesús, también nos hemos convertido en un templo en donde habita el Espíritu Santo. Nuestro cuerpo ha sido designado como ese lugar en donde mora Dios.
Es un gran privilegio de nuestro tiempo, poder tener al Espíritu Santo en nosotros, esto es algo totalmente inmerecido, esto únicamente pasa por la gracia de nuestro Dios, así que debemos cuidar su presencia y esforzarnos por ser un lugar de adoración y no una cueva de ladrones.
¿Qué quiero decir con esto?
Tengamos cuidado, porque, así como pasaba en aquel templo, puede suceder lo mismo en nosotros: que le debemos cabida en nuestro corazón el pecado, y que pretendamos que en nosotros pueda coexistir lo puro con lo impuro, lo santo con lo pecaminoso.
Así como Jesús expulsó a esos ladrones del templo, con la misma autoridad y el mismo celo, debemos nosotros sacar de nuestro corazón todo aquello que atente contra la santidad, que atente contra la obra preciosa que Jesús hizo en nosotros.
Si sabes que estás dejando que «cambistas y vendedores» habiten en ti, hoy es el día de invitar a Jesús a que entre a tu corazón y eche fuera todo aquello que no sea de su agrado, es hora de pedirle a Jesús que limpie nuestro templo.
A pocos días de conmemorar la crucifixión y resurrección de nuestro Salvador, pidámosle que limpie nuestro templo. ¿Que tal si lo hacemos juntos?
“Señor Jesús, limpia nuestro templo, limpia nuestros corazones de todo aquello que no sea agradable a ti, quiero que mi corazón sea centro de adoración y no cueva de ladrones, límpiame por favor”
-Por Ale C.-


